Cultura abierta

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Introducción

Al final de cada año, desde 1927, la revista de noticias estadounidense TIME presenta el perfil de la persona o personas que según sus editores/as “influyó más sobre las noticias y sobre nuestra vida, para bien o para mal”. En 2006 se produjo un cambio en relación a los números anteriores que presentaban a presidentes, científicos/as y jueces o juezas. La elección de TIME de la persona del año recayó en “Usted”. En 2006, “la red mundial,” según TIME, “se convirtió en una herramienta para reunir las pequeñas contribuciones de millones de personas y hacer que tengan importancia.”[1]

Lo que reconocieron los/as editores/as de TIME fue el cambio radical que ha significado el acceso a la tecnología, gracias a la cual hay millones de personas del mundo entero que hoy se pueden hacer escuchar y tienen público para sus ideas. Esto es algo revolucionario porque, a diferencia de los medios anteriores, como la televisión y la radio, todas las personas que tengan acceso a un computador o un teléfono móvil conectado a la red tienen acceso a los medios de producción de mensajes – es decir, tienen una voz activa en la red.

Quizás a diferencia de cualquier otro momento de la historia somos testigos de una importante democratización de los medios de producción y distribución de la información. Ya no somos meros consumidores y consumidoras de información, sino que ahora tenemos la posibilidad de convertirnos en productores/as activos de información. Este poder no es poca cosa. Según TIME, “La historia es que son los muchos los que le han arrebatado el poder a los pocos [que lo tenían] y se ayudan entre sí a cambio de nada, y eso no va a cambiar solamente el mundo, sino también la forma en que cambia el mundo”.

Esta revolución tuvo un fuerte impacto en la manera de producir cultura y medios. Con millones de personas incorporándose al mercado de producción de información, ideas y entretenimiento, y todas con incentivos de creación muy diferentes a los de los medios establecidos,  somos testigos de un cambio mayúsculo en el poder de las mayorías frente a una minoría. 

La informática y los equipos requeridos para el almacenamiento y la comunicación – que son cada vez más necesarios para producir información, conocimiento y cultura en el siglo XXI – están prácticamente en manos de cualquiera que se pueda conectar a internet, es decir, entre 600 y mil millones de personas en todo el planeta.

El ascenso del/a amateur

Hasta hace poco la expresión “amateur” estaba asociada negativamente con “alguien que no está calificado/a o que tiene conocimientos insuficientes”[2], pero en su origen la palabra proviene del francés y significa “que ama algo”. Hoy la mayor enciclopedia gratuita del mundo (Wikipedia), la red de un millón de canales YouTube y los millones de blogs que hay en el planeta existen y son alimentados por amateurs: personas que crean, no por dinero, sino por amor al arte.

Esto no ha pasado desapercibido entre quienes solían tener el monopolio de la información y el entretenimiento. Como en toda revolución, hay víctimas de la nueva era – a medida que se van realineando los poderes, varios modelos comerciales se extinguen y las grandes industrias, incapaces de mantenerse al día con los cambios, van cayendo para dejar lugar a otras nuevas.

Uno de los principales “puntos” de lucha es el debate entre lo que se ha dado en llamar “medios ciudadanos” contra los medios establecidos.

Medios ciudadanos versus medios tradicionales

Según muchos integrantes de los medios tradicionales, las personas que producen noticias y análisis fuera de las organizaciones mediáticas tradicionales (los “medios ciudadanos”) no pueden producir la misma calidad de noticias que los y las periodistas profesionales. Se suele hablar de la ausencia de editores/as capaces de contrastar las noticias con los hechos y se dice que los y las amateurs, al no recibir un pago por lo que hacen, no pueden dedicarle el tiempo necesario al trabajo como para hacer un periodismo de investigación y análisis en profundidad, como el que hace el periodismo pago.

Otros reconocen el poder del periodismo ciudadano (incluso bloggers, twitterers y podcasters, por nombrar a unos pocos) para dar a conocer noticias y opiniones que suelen ser ignoradas por los medios oficiales. Al no tener relación con los anunciantes (y a veces con los gobiernos) y al operar fuera de las economías de escala que podrían impedirles la cobertura de temas menos oficiales, que ocupan demasiado tiempo, con un público restringido o de investigación, el periodismo ciudadano ha logrado producir información cruda que supera a los informes a menudo predigeridos de los medios reconocidos.

El periodismo ciudadano del pueblo iraní durante las últimas elecciones informó al mundo sobre la presencia del régimen represivo. Según The Washington Times, “Las listas de Twitter ofrecían una constante actualización de noticias sobre la situación y había vínculos a fotos y videos que mostraban la agitación en ciernes. Las fotos y videos digitales que proliferaban fueron captadas y trasmitidas por innumerables fuerzas externas a salvo de las medidas de fuerza que aplicó el gobierno al confiscar la red.”[3]

Es claro que existen buenas y malas fuentes de noticias, tanto entre los medios tradicionales como entre los ciudadanos. Como usuarios y usuarias de dicha información, reconocemos rápidamente el valor de consumir diversos puntos de vista para poder pensar – especialmente en una sociedad en la que se nos llama a menudo a presentar nuestras opiniones en blogs, listas de Twitter, foros y otros canales de la red.

Abierto y mezclable versus cerrado y propietario

A medida que las personas empezaron a crear y a conectarse entre sí en línea, se fueron creando numerosos proyectos entre grupos que comparten intereses y pasiones similares.

Podría decirse que los grupos más productivos están formados por personas que comparten entre sí la propiedad intelectual de sus contribuciones. Para hablar de este fenómeno se aplica la expresión “fuente abierta” – y hoy existe el término “contenido abierto”, como extensión más reciente que sirve para describir todo tipo de trabajo o contenido creativo publicado en un formato que admite explícitamente la copia y modificación de la información por parte de cualquier persona.[4] El proyecto más grande de contenido abierto es Wikipedia, donde cualquiera que lea la fuente tiene también la posibilidad y el permiso de editarla (o mezclarla).

Lawrence Lessig es el fundador de Creative Commons, una organización cuyo cometido inicial fue el desarrollo de licencias de copyright que permitieran al/a creador/a elegir las libertades bajo las cuales deseaban publicar su obra. Lessig sostiene que es necesario contar con sistemas como Creative Commons porque las leyes de copyright sancionan los tipos de mezclas que los productores y productoras amateurs crean hoy en día.

Hoy existen más de 150 millones de objetos con licencias Creative Commons. Desde las más de 35 mil canciones de Jamendo, una plataforma de intercambio de música que permite a artistas compartir su música utilizando las licencias de Creative Commons, hasta las más de 60 mil imágenes de Flickr, que se pueden mezclar y compartir,  pasando por Connexions, una plataforma de aprendizaje abierto que permite tanto a docentes como a estudiantes la creación de cursos a partir de elementos modulares de aprendizaje, hay gente de todo el planeta construyendo formas alternativas a la cultura propietaria para poder cocrear cultura, en lugar de seguir el principio de “se mira pero no se toca”.

Creative Commons no evitó las críticas: hubo quién dijo que se había alineado con la privatización de la cultura al usar el marco de las leyes de copyright para desarrollar un complicado sistema de “bienes” culturales semiprivados que suelen ser incompatibles entre sí.[5] Según David Berry y Giles Moss, “Necesitamos conciencia y lucha política, en lugar de abogados/as que ejerzan sus conocimientos y su jerga legal en la interpretación de licencias complicadas, casos y antecedentes legales.”[6] 

Hay quienes alegan que a diferencia del movimiento de software libre y fuente abierta, no existe una norma de libertad para las licencias de Creative Commons, y que la licencia de Atribución-Compartir por Igual es la única de verdadero “copyleft”.[7] En un esfuerzo por definir una norma de libertad, Benjamin Mako Hill desarrolló una “Definición de obras culturales libres”[8] que se aplica sólo a dos de las seis combinaciones posibles de las licencias Creative Commons: Atribución y Atribución-Compartir por Igual.

¿El futuro?

Ya no es polémico decir que en el futuro la producción cultural será abierta. El hecho de que los modelos abiertos que se basan en contribuciones no pagas de los usuarios y usuarias estén superando a los modelos propietarios en cuanto al uso e incluso la calidad ha hecho que la industria basada en modelos comerciales propietarios se sienta cada vez más amenazada. A medida que Wikipedia sobrepasa en usuarios a la Enciclopedia Británica, y Linux funciona mejor que Microsoft en los servidores de todo el mundo, la industria tradicional busca las maneras de adaptarse.

Las dos estrategias empleadas por la industria propietaria frente a esta amenaza han consistido en presionar para que se exija un mayor cumplimiento de la ley de lo que se ha dado en llamar “guerras de copyright”[9] y adoptar los principios de fuente abierta para parte de su negocio. A principios de 2009, Enciclopedia Británica invitó a miembros del público a escribir artículos para su edición en línea[10] y Microsoft empezó a experimentar con la fuente abierta en 2004.[11] Aunque los miembros de la industria propietaria musical, editorial, fílmica y de software siguen luchando contra la propiedad intelectual compartida, es cada vez más claro que nos estamos acercando a los modelos abiertos y alejándonos de los cerrados.

Charles Leadbeater explicó en una conferencia de 2005 sobre Educación tecnológica y diseño que “La razón por la cual – a pesar de todos los esfuerzos por recortarlos, reprimirlos y limitarlos – estos modelos abiertos seguirán apareciendo con una fuerza tremenda es que multiplican nuestros recursos productivos. Y una de las razones por las cuales esto sucede es que convierten a los usuarios/as en productores/as; a los consumidores/as en diseñadores/as.”[12]

Los modelos abiertos prevalecerán porque constituyen una manera más eficiente de producir y crear obras culturales y científicas. Pero no solo son más eficientes, sino que también responden a una profunda necesidad interna de conexión entre nosotros/as – no para obtener ganancias económicas, sino para cubrir necesidades muy humanas tales como el reconocimiento, el respeto y el disfrute de la cocreación.

Si el futuro de la producción cultural es la apertura (en sus diversas formas), los debates girarán seguramente en torno del grado de apertura que adopten diferentes productores/as y comunidades de productores/as, así como el efecto que ello tenga sobre la productividad, la democracia y el desarrollo científico y cultural.

[1]              TIME (2008) La persona del año de TIME 1927-2008. www.time.com/time/coverspoy

[2]              Definición de “amateur” de Wiktionary: en.wiktionary.org/wiki/amateur  

[3]              Editorial de Washington Times (2009) Iran’s Twitter Revolution, The Washington Times, 16 de junio. www.washingtontimes.com/news/2009/jun/16/irans-twitter-revolution

[4]              Definición de “contenido abierto” en Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Contenido_abierto

[5]              Los “bienes” con licencia de Creative Commons funcionan con otras condiciones, de manera que muchas veces no se pueden compartir y mezclar entre sí. Son privados en cierto sentido porque utilizan la legislación de copyright para permitir que los/as propietarios/as de copyright mantengan sus derechos.

[6]              Berry, D. y Moss, G. (2005) On the “Creative Commons”: a critique of the commons without commonalty, Free Software Magazine, Edición del 5, 15 de julio. fsmsh.com/1155

[7]              Myers, R. (2008) Noncommercial Sharealike Is Not Copyleft, 24 de febrero. robmyers.org/weblog/2008/02/noncommercial-sharealike-is-not-copyleft.html

[8]              Mako Hill, B. (2005) Towards a Standard of Freedom: Creative Commons and the Free Software Movement. mako.cc/writing/toward_a_standard_of_freedom.html

[9]              Stephey, M. J. (2008) Lawrence Lessig: Decriminalizing the Remix, TIME.com, 17 de octubre. www.time.com/time/business/article/0,8599,1851241,00.html

[10]            Moore, M. (2009) Encyclopaedia Britannica fights back against Wikipedia, Telegraph, 23 de enero. www.telegraph.co.uk/culture/books/booknews/4318176/Encyclopaedia-Britann...

[11]            Bean, J. (2009) A Brief History of Microsoft Open Source, 9 de febrero www.everyjoe.com/articles/a-brief-history-of-microsoft-open-source-59

[12]            Leadbeater, C. (2005) TED Talk: Charles Leadbeater on innovation. www.ted.com/index.php/talks/charles_leadbeater_on_innovation.html

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